Tolerancia y aclimatación al frío

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Una vez ya hablamos algo de la Hiportermia, cuando la temperatura del cuerpo desciende de los 35°C debido a que la producción de calor sea menor que la pérdida del mismo.
La sensación del frío está asociado a la percepción de la velocidad con la que se enfría la piel. No es necesario estar a bajas temperaturas para sentir frío. Se puede estar a una temperatura ambiente agradable pero, si se encuentra mojado y expuesto a una leve brisa, esto produce una rápida evaporación del agua por lo tanto aumenta la velocidad de enfriamiento de la piel generando la sensación de frío.
Cuando uno se encuentra al aire libre realizando una travesía queda expuesto a tres factores fundamentales que juegan un rol interesante en la sensación del frío, estos son, la humedad ambiente, la velocidad del viento y la temperatura por supuesto. De aquí salen fases cómo que un frío seco es más tolerable que uno húmedo, ya que la conductividad del agua es una 20 veces las del aire (0,58W/mK y 0,024W/mK respectivamente).
Cómo el cuerpo humano debe mantenerse en un rango muy estrecho de temperatura, el rededor de los 36°C, al verse influenciado por las condiciones climáticas debe administrar los recursos que tiene a su disposición para tratar de mantener dicho rango térmico. Los caminos que toma el cuerpo son la disminución de la irrigación de sangre por todo el cuerpo y aumentando la producción interna de calor.
Disminuyendo el caudal de sangre hacia las extremidades logra que la diferencia térmica entre las extremidades del cuerpo y la ambiente sea menor, por lo tanto la corriente de calor que se escapa del cuerpo es menor. Un caso práctico se puede observar cuando teniendo las manos frías se colocan dentro de un recipiente con agua caliente, la sensación de temperatura puede llegar al punto de dolor. Mientras que con las manos a temperatura ambiente, colocando dentro de agua a la misma temperatura podemos notar que después de todo la temperatura no era tan elevada. El secreto está en la amplitud térmica entre la mano y el agua.
La producción de calor interna, se puede dar por la realización de actividad física, de forma voluntaria. O también de manera involuntaria, por el típico temblor o por secreción de hormonas que estimulan el metabolismo interno.
El temblor se genera de manera involuntaria por la contracción de los músculos a un determinado ritmo y por periodos cortos. Se puede ver cómo una forma similar a la producción de calor por actividad física. Este método se ve disminuido notablemente cuando se está expuesto a bajos niveles de oxígeno.
En cuanto al metabolismo interno, el cuerpo tiene dos maneras de expulsar líquido, por orina o por transpiración. Cómo dijimos anteriormente, la conductividad térmica del agua es mayor que la del aire, por lo que transpirar sería contraproducente para la conservación del calor. Todo este líquido que no se evacua por transpiración lo toma la vejiga que no tiene más remedio que procesarlo. Además que también sufre de las contracciones involuntarias, reduciendo su capacidad de retener líquido.
La vida que el hombre lleva hoy en las ciudades lo han llevado a que su capacidad de adaptación a las variaciones de temperatura disminuya, ya que se poseen calefactores y aires acondicionados por todos lados. Por lo que es necesario o recomendable realizar una aclimatación al frío, para despertar esta capacidad de adaptación. Es necesario poner bien en claro la diferencia entre las acciones por defensa del frío las de aclimatación.
Cuando se habla de defensas, cómo comentábamos anteriormente, se ponen en juego gastos energéticos cruciales para las reservas del organismo. En cambio, la aclimatación es el método de tratar de ahorrar estas energías los más posible.
Al igual que el estado físico, la tolerancia al frío se puede trabajar. Realizar actividades físicas al aire libre y mantenerse en forma es la primer indicación que se puede dar. También se pueden realizar duchas o inmersiones en agua fría, tratando de buscar el límite de tolerancia. De este modo se logra aumentar el tiempo de respuesta de los temblores involuntarios, debido a que el cuerpo ya no los necesita, mejorando la capacidad motriz para realizar tareas y evita la aparición de dolores en las extremidades. El cuerpo aprende a realizar los balances térmicos adecuados para llevar a cabo un mejor rendimiento energético.
Todo esto lo contamos y decimos porque alguna vez hemos pasado frío.

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